Fe y Hermandad: El Santísimo Cristo de la Sangre visita la Residencia Jesús de Nazaret

En el marco de un año histórico, donde la Asociación de Obras Cristianas celebra su 50º Aniversario y la Hdad. del Stmo. Cristo de la Sangre conmemora sus 475 años de fundación, se ha vivido un acto de profunda devoción y fraternidad. El pasado sábado 21 de marzo, tuvimos el inmenso honor de recibir la visita del Señor de la Sangre en nuestra Residencia de Mayores Jesús de Nazaret.

El momento más conmovedor se vivió cuando nuestros propios trabajadores portaron al Señor desde la entrada hasta el interior del centro. Allí, residentes y familiares pudieron venerar la imagen en un ambiente de recogimiento y emoción contenida. Las personas mayores, muchas de ellas en silla de ruedas y haciendo grandes esfuerzos físicos por su devoción, se acercaron una a una para besar el pie del Cristo, provocando lágrimas de alegría y fe entre los presentes.

Un Hermanamiento para la Eternidad El acto culminó con la firma de un hermanamiento oficial entre la AOC y la Hermandad. Este vínculo, que durará para toda la vida, se selló con un intercambio de cuadros y la lectura de un emotivo poema dedicado al Señor en su visita a nuestro centro.

Esta visita no solo ha sido un hito institucional, sino un bálsamo espiritual para nuestros mayores, quienes han sentido la cercanía del Señor de la Sangre en su propia casa.

El salón cambia su eco,

la charla se vuelve rezo,

y en este silencio solemne y sencillo

el tiempo se detiene bajo tu perpetua mirada de dulzura y verdad.

Ay, Señor mío,

quién me lo iba a decir,

ahora que no puedo subir el camino que de tu casa a la mía va,

que serías tú quien me vinieras a visitar.

Ay, Señor mío,

siento como mis ojos cansados

y mis manos nudosas buscan al chiquillo que ayer fui,

aquel que corría con desenvuelto paso

cuando los Jueves Santos anochecían.

Veo pasar mi vida por los nudos de tu madero,

cuando el campo estaba por segar y sembrar,

mientras nacían los hijos, llegaban los nietos, y el pecho retozaba de gozo,

el sol brillaba solo para mí,

hasta ahora, que el campo está baldío y yermo,

y los rayos de sol me abandonaron en un eterno anochecer.

Tú sabes bien lo que pesa, Señor,

esta cruz de pérdidas y dudas,

cruces demasiado pesadas para estos hombros cansados,

cruces donde la soledad besa al alma que te implora.

Ay, Señor mío,

aunque clavado te veo,

sigues sanando mis heridas,

consolando cuando el tiempo arrecia, y el dolor y la memoria castiga.

Ay, Señor mío,

quédate un ratito más,

sigamos hablando de nosotros

Señor de la Sangre,

déjame agradecerte que el cobijo de tus manos abiertas

sea esta Residencia que da vida a mis días.

Firma: José Antonio Mora Martín

Departamento de Informática

Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón